Antonia María Carmona Sánchez   - Promoción 2008/2009

Todos los lugares en los que hemos vivido una etapa de nuestra vida se acaban convirtiendo en nuestra casa. El instituto es uno de esos lugares, en el que, además de vivir grandes momento e irnos formando académicamente, se empieza a desarrollar nuestra personalidad y comenzamos a tener unas determinadas metas. De mi instituto lo que más recuerdo es que cada profesor/ra tenía algo que le hacía diferente a los demás, era como una especie de seña de identidad; estaban l@s comprensiv@s que nos cambiaban la fecha del examen si nos veían agobiados, l@s gracios@s que siempre nos hacían reír, l@s que conseguían que la asignatura que más odiábamos nos resultase atractiva o incluso es@s que lograban que nos esforzáramos al máximo consiguiendo que un cinco en un examen nos supiese a diez… cada uno era diferente. También guardo buenos recuerdos del personal no docente, secretarias, conserjes…ya que eran como de la familia y siempre nos daban buenos consejos; como cuando nos animaban a presentarnos a un examen aunque no nos hubiese dado tiempo de prepararlo, solo para poner cuatro tonterías. Y como no mencionar a l@s compañer@s/ amigos con los que vives recreos, trabajos, nervios de exámenes e ilusión de aprobados.

Por todo esto creo que el instituto además de aportarnos conocimientos nos da lecciones, y las dos principales que yo he aprendido han sido el intentar las cosas siempre y el luchar por las metas que me proponga sin rendirme a la primera, ya que a veces, las cosas que más nos cuestan conseguir son las que más ilusión sentimos al tenerlas, algo así como ese cinco de esa asignatura que tanto se nos resiste.